Niyama/ Ishvara Pranidhana (Inspiración en lo divino)
Tapas, svâdhyâya e ishvara pranidhana forman un trío dentro de
este todo ético que son los yamas y los niyamas en la estructuración
que hizo del Yoga Patañjali alrededor del siglo II de nuestra era. En
realidad no basta con mover la energía a través de una disciplina
intensa y de darle un sentido profundo desde la autoindagación; es
necesario que todo el proceso tenga corazón. (extraido de Yoga en red.com ; revista digital)

Es evidente que el corazón es un símbolo de
centralidad,
pues es la bomba que impulsa todo el sistema. Pero hay un corazón más
allá del órgano físico donde parece que descansa el alma. No en vano
cuando nos señalamos, aquello que está en nuestro núcleo, tocamos el
centro del pecho. Algo tiene que despertarse en el corazón si nuestra
práctica y estudio han sido hechos con constancia. Hemos fortalecido
nuestra voluntad con
tapas y hemos despertado nuestra inteligencia con
svâdhyâya, pero
hace falta algo más. Ese algo es una forma de piedad, de compasión o benevolencia como gesto esencial en la existencia.
Tapas nos puede dar mucho poder, mientras que svâdhyâya puede
proveernos de mucho conocimiento. Y lo que de entrada podría parecer una
ventaja, a la larga se convierte en un obstáculo. Es necesario poseer
una
balanza donde los éxitos y los fracasos sean vistos con mucha ecuanimidad. El
corazón
es fiel a la balanza que con un criterio profundamente amoroso
permite relativizar nuestras proezas al insertarnos dentro de una
totalidad. No nos olvidemos que la verdadera fuerza reside en permanecer
sereno tanto en el éxito como en el fracaso.
Ishvara es el Señor, y puede chocar nuestra
sensibilidad cuando entendemos el yoga, como un
método de autoconocimiento. En realidad Ishvara
no es el Dios al que estamos acostumbrados en el monoteismo,
no es un dios creador, no entra ni sale en la corriente del tiempo; es
un espíritu especial. Hay que entenderlo como el gurú perfecto, el
maestro de maestros, algo así como un
arquetipo que sirve como soporte devocional al practicante de yoga.
Hemos de recordar que la metafísica del yoga viene fundamentalmente del
Samkhya, que es ateo, y que
Patañjali
se toma la licencia de incluir la figura de Ishvara tal vez porque la
práctica devocional en la tradición se demostró como una vía directa de
conexión con lo sagrado. En todo caso
ishvara pranidhana
nos recuerda que hemos de aceptar nuestros límites dentro de la
inmensidad del universo, somos una gota de agua, un pequeño eslabón de
una cadena infinita. Esto significa que todas las preguntas no serán
respondidas ni sabremos todos los resquicios del destino ni podremos
correr todos los velos del misterio. Somos pequeñez y
nuestra grandeza es aceptar lo que somos. No podemos hacer otra cosa que someternos a la realidad, y ese sometimiento no implica resignación sino
celebración.
El camino de la desidentificación
Pranidhana nos habla de ofrenda o plegaria. Este
concepto nos obliga a aterrizar cualquier mística y hacerla carne. Todo
lo que has conquistado no es tuyo, y no es tuyo porque hace tiempo que
la firmeza de una identificación individual se ha ido desmenuzando. Los
bienes no son tuyos porque la idea de posesión no se sostiene desde una
atenta observación. Es aquí donde la pequeña voluntad se inclina ante la
gran voluntad, el pequeño rostro se refleja en el grande, microcosmos
encajando en el macrocosmos. Y esa apertura hay que entenderla como una
inspiración ante lo divino.
Ofrecer los frutos de nuestras acciones a los pies del Universo, es el camino hacia la
desidentificación que tanto sufrimiento nos trae, y un vía segura hacia la
humildad.
Estando en el mundo pero sabiendo que nuestras raíces no están abajo
sino arriba, con la confianza que todo será dado. Las fronteras se abren
porque ya no hay un yo pequeño batallando con otros por una porción de
prestigio mayor, ahora hay un Tú y este tú inmenso incluye todo: mi
sufrimiento y el tuyo, incluye mi vida y la tuya, incluye la vida de las
generaciones por venir, incluye el respeto por los antepasados.
Entonces nuestra acción se hace desde una meditación muy profunda que
incluye el primer yama, que es la no violencia, y se sublima paso a
paso hasta este último niyama, que es
la máxima expresión de una ética que abre las puertas de una espiritualidad profunda. Nada hago, todo se hace porque soy un canal.
“
Atendiendo al yama y al niyama, son valores humanos
fundamentales: la búsqueda de la verdad, de la no-violencia, el
desapego, la alegría de vivir, el equilibrio, el autoconocimiento
profundo… El yoga te lo plantea todo y de una manera organizada, para el
desarrollo paulatino de ti mismo”.
"La realidad del yoga, cuyos valores esenciales están muy al día
respecto al ser humanos actual, que busca una autorealización, una
experiencia directa de las cosas. Es lo que propone el yoga: una
experiencia real a través de ti mismo, de tu cuerpo, de tu sentir, de tu
mente y de una conexión más profunda, trascendental".